B. El Aceitoso

Salí de casa con ese tipo de tranquilidad que sólo puede anticipar a una gran tormenta. Las cosas ocurrían como dentro de un plan predeterminado. Conduje calmo y sin apuro, como si supiera que tenía que ir hacia un destino ineludible. Cuando llegué a la esquina de la Rambla y Ejido, sin saber porqué, saqué el calibre 38 que llevaba en la guantera y lo amartillé. Unos segundos después, el vidrio del acompañante estalló en un estruendo y, antes que los pedazos de vidrio cayeran, disparé sin saber a quien.

El cuerpo del tipo sin vida quedó sobre el techo de un coche. La mujer que manejaba salió a toda velocidad, horrorizada, desparramando el cuerpo que rodó varios metros por la calle. El agujero de la bala parecía un rubí en medio de la frente, y la expresión de sorpresa permanecía dibujado en su cara. Yo seguía calmo como si el plan aún no hubiera llegado a su fin.

Enseguida llegaron dos muchachones de unos 18 ó 20 años, gritando y maldiciendo.

Me bajé del coche y me acerqué. Pare ese entonces ya había un gran número de personas rodeándolos y mirando la escena con horror. Los dos compañeros del muerto gritaban y sacudían el cadáver como queriendo despertarlo de una mala broma.

Uno de ellos lanzó una mirada amenazadora sobre la multitud que lo rodeaba y echó mano a su cintura para sacar una pistola que tenía en la parte trasera del pantalón, sujetada contra el cuerpo por el cinturón. La gente dio un paso atrás pero yo avancé con el revolver apuntándole a la sien. El estruendo fue ensordecedor, un agujero del tamaño de una moneda desapareció debajo de un manantial de sangre oscura. Y sin mediar palabra, le pegué un balazo al tercero entre los ojos. Los tres quedaron apilados en medio de la calle como celebrando la fiesta de su rapiña frustrada.

Nadie dijo nada. Lentamente todos los conductores volvieron a sus vehículos y, al cambiar la luz, todos avanzamos como si nada hubiera pasado.

Cuando pasé de vuelta, el lugar estaba limpio. Apenas había una mancha oscura sobre el asfalto.

Las noticas de la noche mencionaron un ajuste de cuentas entre narcos. Los muertos tenían múltiples entradas a la cárcel y varios asesinatos en su expediente delictivo.

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