RESPETO

En Inglaterra le están pidiendo la renuncia a un miembro del gabinete por faltarle el respeto a un policía. He aquí una señal porqué los ingleses están tan por encima nuestro en temas sociales.

El respeto no es sumisión. El respeto es educación. Es moral social.

En cambio en Uruguay, la falta de respeto a la autoridad es la moneda más corriente. Si un policía ve a un individuo vagando y mendigando en un barrio en el que ni vive ni trabaja, no le puede pedir documentos ni disuadirlo a irse. Enseguida es denunciado por abuso de autoridad. A pesar de la ley que penaliza la vagancia y mendicidad, este gobierno no permite su ejecución y, sorprendentemente, el penalizado es el policía.

Así van las cosas. El Uruguay está alcanzando records todos los meses de robos, asaltos y, últimamente, asesinatos. ¿Pero cómo vamos a parar esta ola de inseguridad si no se promueve el respeto?

Como haría cualquier persona sensata, habría que preguntarle a la policía qué necesitan para poner orden y hacer respetar la constitución. Ellos tienen, de primera mano, las respuestas a sus problemas.

Hace un tiempo viví el desastre del carnaval de La Pedrera. Se veía que la situación se había desbordado desde el viernes mismo. Todos los que estábamos ahí advertíamos que iba a haber una muerte. Y la hubo. Un joven ebrio mató a un chico que caminaba por el borde de la carretera. También le pegaron un martillazo a una chica en la cabeza y otra cayó de un balcón en estado de borrachera calamitoso.

Como era de esperar, se armó un revuelo tremendo y los vecinos salieron a protestar. En esas circunstancias le pregunté a un policía porqué no habían intervenido antes.

Esto fue lo que me contestó:

“ No seas malo, no me digas eso…, si no podemos hacer nada. Estamos atados de manos y pies. Si queremos poner orden terminamos en el juzgado declarando por abuso de autoridad”.

Después me enteré que los policías de La Pedrera se tuvieron que atrincherar en la comisaría porque un grupo de vándalos la quería copar para liberar a un amigo preso.

Respeto es educación, es convivencia, es la única forma que esta sociedad pueda salir del estancamiento.

No se puede exigir respeto si en los antecedentes penales de los gobernantes hay múltiples entradas y salidas a la cárcel. Y no me vengan con el cuento de la guerrilla. Mucho antes de ser guerrillero Mujica fue preso por rapiña. Lo atraparon escapándose en una moto después de asaltar a un cobrador de Sudamtex.

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B. El Aceitoso

Salí de casa con ese tipo de tranquilidad que sólo puede anticipar a una gran tormenta. Las cosas ocurrían como dentro de un plan predeterminado. Conduje calmo y sin apuro, como si supiera que tenía que ir hacia un destino ineludible. Cuando llegué a la esquina de la Rambla y Ejido, sin saber porqué, saqué el calibre 38 que llevaba en la guantera y lo amartillé. Unos segundos después, el vidrio del acompañante estalló en un estruendo y, antes que los pedazos de vidrio cayeran, disparé sin saber a quien.

El cuerpo del tipo sin vida quedó sobre el techo de un coche. La mujer que manejaba salió a toda velocidad, horrorizada, desparramando el cuerpo que rodó varios metros por la calle. El agujero de la bala parecía un rubí en medio de la frente, y la expresión de sorpresa permanecía dibujado en su cara. Yo seguía calmo como si el plan aún no hubiera llegado a su fin.

Enseguida llegaron dos muchachones de unos 18 ó 20 años, gritando y maldiciendo.

Me bajé del coche y me acerqué. Pare ese entonces ya había un gran número de personas rodeándolos y mirando la escena con horror. Los dos compañeros del muerto gritaban y sacudían el cadáver como queriendo despertarlo de una mala broma.

Uno de ellos lanzó una mirada amenazadora sobre la multitud que lo rodeaba y echó mano a su cintura para sacar una pistola que tenía en la parte trasera del pantalón, sujetada contra el cuerpo por el cinturón. La gente dio un paso atrás pero yo avancé con el revolver apuntándole a la sien. El estruendo fue ensordecedor, un agujero del tamaño de una moneda desapareció debajo de un manantial de sangre oscura. Y sin mediar palabra, le pegué un balazo al tercero entre los ojos. Los tres quedaron apilados en medio de la calle como celebrando la fiesta de su rapiña frustrada.

Nadie dijo nada. Lentamente todos los conductores volvieron a sus vehículos y, al cambiar la luz, todos avanzamos como si nada hubiera pasado.

Cuando pasé de vuelta, el lugar estaba limpio. Apenas había una mancha oscura sobre el asfalto.

Las noticas de la noche mencionaron un ajuste de cuentas entre narcos. Los muertos tenían múltiples entradas a la cárcel y varios asesinatos en su expediente delictivo.

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Independencia total, nada de mariconadas

Que los catalanes quieran ser un país independiente es respetable, pero que el Barça, siendo de ese país, quiera jugar la liga española es una estupidez tan grande como la idea separatista en sí misma.

No señores, si quieren ser independientes asuman todo lo que ello significa, sin excepciones.

Yo seré el primero en disfrutar de la tabla de posiciones de la liga catalana: el Barça, el Espanyol, el Reus, el Cambrils, el Lloret del Mar, y otros mamarrachos que completarán la lista. Seguramente el Camp Nou nunca más verá colmadas sus tribunas y yo seré de los que no leerán las crónicas de sus partidos. Estaré pendiente del telediario con los goles de los equipos españoles, los verdaderos animadores de una de las mejores ligas del mundo.

No es digno querer la secesión y seguir participando, con un órgano político separatista, en la liga de los españoles.

Váyase señor Rosell, vaya con la manga de inútiles crónicos que buscan, mientras el mundo se une en bloques, la atomización de España. Un ser tan despreciable como Ud. no enaltece al deporte, por el contrario, lo humilla.

¿Me pregunto a donde quiere llegar? ¿Qué espera del resto de los españoles? No parece haberse puesto en los zapatos del resto de los habitantes de la península ibérica. ¿Cree acaso que su nuevo paisito va a ser bienvenido a los campos de juego de los que, en conjunto, han glorificado la liga española y la han hecho llegar hasta la cúspide del balompié mundial?

Hágame el favor, reflexione como una persona adulta, no sea tan cursi de decir lo primero que le viene a la lengua. Retírese y piense tres veces antes de seguir embarrando los colores de una institución cuyo factor de destaque ha sido el talento deportivo y no la política barata que usted está pretendiendo.

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Paranoia

Una angustia inquieta se ha apoderado de mí. Hoy se escapó el perro y Papá  no se dio cuenta. La fortuna hizo que Inés, que en ese momento volvía de comprar vino, lo viera en medio del jardín.

Como si me hubieran expulsado del presente y ahora estuviera exiliado, muy a mi pesar, en un futuro, me siento cargado de preocupación por los posibles peligros que se despertaron.

He descartado la inútil necesidad de decirle algo a Papá. No sería justo que lo cargara con remordimiento por algo que ni siquiera sabe que pasó. Ni nada de lo que le advierta podrá poner freno a que vuelva a ocurrir.

A partir de ahora, cuando salgamos, el perro quedará en el piso de arriba. Esta y otras mil ideas cruzan mi cabeza a velocidad de vértigo. No las puedo parar. Como si hubieran estado esperando la oportunidad se abalanzaron. Algunos dramáticos, otros de menor intensidad pero inquietantes también, se arremolinan entorno a mi cabeza en una nube oscura de angustia y desazón.

He cerrado los párpados con la esperanza de hacerlos desaparecer en la oscuridad del dormitorio, pero parece haberlos enardecido más.

La angustia parece un desfile de carnaval donde los miedos pasan en enormes carrozas, saludando. La ira, disimulando, empuja hacia el abismo del futuro alejándome del acá. Ya estoy perdido, no hago más pié. Las aguas del miedo me arrastraron río abajo.

Me he ido del aquí y ahora. Estoy en la tierra del no es. En el único lugar donde el repugnante miedo repta alimentándose de lo que puede ser. El enemigo de la felicidad.

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Montevideo, que limpia te quiero.

Con la cantidad de basura que he visto desde que llegué a Montevideo, podría hacer una montaña más alta que la Sierra de las Ánimas; podría rellenar el mar sin necesidad de hacer las escolleras para el puerto de aguas profundas que tanto alboroto e indigestión le está causando a las gentes de Rocha. La ciudad parece un patio abandonado habitado por zombies roñosos que nada les importa el aseo ni la prolijidad. O lo disimulan muy bien.

Estamos en guerra entre los privados y los públicos que, como una torta con royal, han levado hasta hacerse con el poder. La pequeña masa de privados, víctimas de la mayoría aplastante (en sentido literario) de empleados públicos, ya no tienen más recursos que la resignación.

Fíjese, decía un señor el otro día, que el 85% de nuestros impuestos pagan la nómina de la intendencia y un raquítico 15% va para obras públicas. ¡Como no va a ser una mugre la ciudad!

-Es un mamarracho, antes las cosas no eran así- decía un vecino en la puerta de su casa agitando el brazo libre mientras con el otro, con una habilidad inescrutable, sostenía el termo y el mate.

– La gente no aguanta más tanto abuso- agregaba terminando con la boca en pico de pájaro buscando la bombilla que le esquivaba.

No sé ni porqué me preocupo. Si parece ser un problema sin solución. El que le prometa continuidad a los públicos seguirá en el poder sin que nadie le compita, y mientras les prometan van a tener que cumplir. Como dicen los españoles, es la pescadilla que se come la cola.

Es un sin sentido. Las minorías privadas tienen que sostener el empleo de las mayorías burocráticas del estado para asegurar un servicio ineficiente.

El sueño dorado de uruguayo medio, el empleo público, se ha transformado en el talón de Aquiles de la viabilidad nacional. Unos pocos laburan y pagan impuestos para mantener a inútiles crónicos que, atados a sus puestos, se niegan a asumir la realidad.

Imagínese, una señora jubilada, con ingresos reducidos, manteniendo al jardinero, la cocinera, la ama de llaves y a la limpiadora, herencia de las épocas pasadas, porque en su contrato había una cláusula de inamovilidad. Y para colmo el jardinero está en huelga por reclamos salariales, la cocinera está en huelga por reclamos de mejora en las condiciones de trabajo, la limpiadora ídem, y la ama de llaves no va desde hace tres meses por baja médica. Pero no puede echar a nadie ni reducir el presupuesto. – ¡que aumente los ingresos!- reclaman los afectados (afectados por un egoísmo institucionalizado disfrazado de comunismo anacrónico).

Con ese escenario el Uruguay comienza el nuevo siglo XXI.

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Parece que no sólo no se le pegó el acento…

No sé cuánto tiempo tiene que vivir una persona en un sitio para que se le pegue el acento. Yo vivo hace diez en España y mi acento uruguayo sigue intacto, no he incorporado ninguna palabra española a mi lenguaje diario, sin embargo, cuando hablo con españoles sé qué palabras puedo utilizar para que me entiendan mejor.

Hace un segundo Alejandra habló con el hijo de un amigo que vendrá mañana a hacer de barman en una fiesta que hacemos en casa.

–   Hola Edu, ¿cómo andás? Mirá, ya arreglé el tema de la comida, así que si preferís venir mañana en vez de hoy, no hay problema. Yo te voy a buscar al tren o hacemos como te venga mejor a vos-. Agregó.

–   Bárbaro, quedamos así. Te cuento, yo ya encargué la comida a Atuel, empanadas, copetín, y cositas frías para picar-.

Yo me empecé a preguntar si entenderá el tema de copetín. Si pare él tendrá el mismo significado que para nosotros… pero lo groso vino enseguida.

–   le mejor va a ser que vengas más temprano y le buscamos el punto a la kaipiroska-. Vas a ver que es un bollo (palabra utilizada en España para lesbiana).

–   Ja, ja- la oí reír. – la probamos, capaz que quedamos medio mamados (palabra usada en España para chuparla) – jaja- volvió a reír.

Yo empecé a pensar no sólo que no se le pegó nada del acento sino que nunca se enteró de las palabras clave que hay que evitar.

–   otra cosa que se me ocurrió es que podemos comprar unos ananás (en España se llama piña, así que no sé qué habrá entendido el pobre), los vaciamos con una cucharita y le metemos una pajitas- (el término en España es sorbito, pajita es paja).

Después de escuchar esta conversación me imagino al flaco mañana vestido con un chaleco de cuero negro con tachas, un látigo y algún otro elemento sádico-sexual a encontrarse son Alejandra. Me temo que la situación se puede ir nuestro control por una cuestión de lenguaje… o falta de él.

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El Retorno

Hace unos días empezamos a emprender el retorno, con todo lo que ello significa. Ayer, sin ir más lejos, me encontré que mi cepillo de dientes y mis pequeños frasquitos estaban sueltos como sobrevivientes en una isla del Pacífico. Alejandra ya había empacado mi cajita de baño; ahora temo por mis camisas y pantalones, sin los que no me dejarán embarcar siquiera.

Ayer de mañana, en el desayuno no había manteca.

-¡Para qué voy a comprar manteca si nos vamos el 25 de noche!- me dijo el lunes 13 de agosto, profetizando unos doce días de hambruna organizativa.

 

Los nervios crecen como pasto regado. Cada movimiento, pestañeo de ojos, silencio o gesto, genera un chisporroteo instantáneo. Hasta el Marqués está de mala uva. Ayer atacó a otro perro, pero esta vez fue a uno más chico que él.

-“Esta vez, al menos, no saliste mordido”- me consoló Alejandra..

Tenemos más valijas que la caravana de Alibabá. No sé cómo vamos a hacer para embarcar todo sin quedarnos sin fondos en el banco. Llevamos tantos bultos que me da temor mandar al Marqués a la bodega y quedarnos con un ventilador a nuestros pies en el avión.

Pero bueno, así es la vida. Cuando veo embarcar a los pasajeros que van a África me tranquilizo. Al menos veo que es posible que la gente salga de un lugar y llegue a otro con enormes cantidades de cosas que, probablemente, son solo una pequeña parte de lo que hubieran querido haber llevado.

-¿Y la alfombra, y el sillón; cuándo vamos a llevar todo lo que dejamos atrás?- me pregunta Alejandra clavándome los ojos como dos cuchillos celestes.

Pero no tengo respuestas a sus preguntas ni preguntas para sus respuestas. Estoy en el medio de la nada, haciéndome cada vez más creyente y apostando, como un ludópata, a un Dios trasportista que se haga cargo de todo.

Dicen que el peor estrés después de la muerte son las mudanzas, y que son el principal motivo de divorcio.  Ya lo veremos.

La cosa es que aquí estamos, en Madrid, muertos de calor, rodeados de valijas que se van hinchando como vacas muertas en el campo, balanzas exagerando kilos, una computadora que no sabemos cómo podremos ingresar al Uruguay (el peor de todos los problemas) y un perro que nos mira diciendo: “qué carajo está pasando en esta casa”-.

– Nos vamos para Uruguay, Marqués-  digo intentando poner un poco de onda, con cara de pelotudo y voz de ñe-ñe-ñe, pero no surte efecto. Estamos demasiado abrumados por el estrés que nos ha caído encima con el viaje de retorno a la queridísima patria que nos parió.

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